lunes, 26 de octubre de 2009

Carta a Nacho (De Miguel Villafáfila)

La verdad, no sé explicar porque sentí la necesidad de escribir sobre ti amigo Nacho o Ignacio, o Sr Smith (este último es largo de explicar), pero necesito expresarte, de alguna manera, lo que siento.

Desde el primer día en que nos conocimos, hace ya más de 24 años, congeniamos muy bien, tal vez fuera por que nacimos el mismo día del mismo año, 15 de abril de 66, eso pensé al principio, pero con el tiempo descubrí que contigo es muy fácil llevarse bien.

Además, tienes una cualidad que pocas personas que conozco la tienen, y es que da igual el tiempo que pase sin verte, que cuando nos encontramos, seguimos teniendo la misma confianza de siempre.

A esto se le suma que es de esa clase de personas que enriquece el grupo al que pertenece, le da cierta clase.Consecuencia de ello la cantidad de AMIGOS que tienes.

Me costó mucho asimilar la noticia de tu enfermedad, sobre todo porque me pasa como a ti, que soy algo hipocondriaco, yo también he estado asustado en urgencias temiéndome un infarto cuando en realidad no eran nada más que gases.

Lo primero que pensé, Tengo que hablar contigo, darte un abrazo, decirte que te queremos ¿Cómo lo estará pasando? ¿Qué piensa? ¿Quiero verte?¿No quiero agobiarte?¿Te molestarás si te pregunto?C

uando conseguía hablar contigo por teléfono, nada de nada, no me atrevía. No te preguntaba por tu enfermedad hablamos de las cosas triviales del momento, tu no hablabas de ella y yo tenía miedo de preguntarte, prefería seguir hablando como si tal cosa.

Nuestro grupo de amigos tenemos la costumbre de juntarnos a cenar los primeros jueves de cada mes, y tu participas siempre que puedes, llegas tarde eso sí. La última vez que asististe a una de ellas fui a buscarte a tu casa, tanto en el trayecto de ida como en el de vuelta la conversación fue normal entre dos amigos, cuando te marchaste y te vi caminar hacia el portal, me di cuenta que la cosa no mejoraba.

La siguiente vez que hable contigo por teléfono al principio me costó reconocerte, y fue la primera vez en tres años que me comentaste algo sobre el tratamiento de tu enfermedad.

Desde entonces la única manera de ponernos en contacto fue dejar mensajes en tu contestador, con la esperanza que si lo oías fueran muestras de cariño y apoyo.

Poco después nos enteramos que estabas ingresado, pero que no quieres que nadie te visite, con el consiguiente malestar de todos por no poder ir a verte, darte un abrazo, todos no preguntábamos lo mismo ¿pero porque no podemos verle?:“Vamos a ver Miguel, me queda poco tiempo y quiero pasarlo con las tres mujeres de vida.”¿Algún hombre hubiera hecho lo contrario?

Yo no y supongo que la mayoría tampoco. Por tanto no podemos estar molestos, y sí agradecerte la lección de cómo aprovechar el tiempo.

Tras tu viaje del pasado 2 de octubre, nosotros quisimos rendirte nuestro particular homenaje juntándonos a cenar al siguiente jueves, todo el grupo de amigos, todos sentíamos que estabas con nosotros, al finalizar la cena nos hicimos una foto del grupo, y cuando descargamos la foto sorprendentemente aparece una esfera blanca entre nosotros, estabas allí.

Sí Victoria, como bien dijiste “ya tiene otro Ángel en el cielo” y nosotros tenemos la foto que lo demuestra.

No puedo acabar sin acordarme de ti, Isabel, Señor para una pareja que en la actualidad quiere llegar, JUNTOS, a viejecitos… no lo entiendo.

Pero quiero recordarte que aquí nos tienes para ayudar en lo que podamos a continuar hacia adelante, y que tienes todo nuestro cariño, respeto y admiración.

Un fuerte abrazo amigo, y ya sabes que… te esperamos el jueves.

1 comentario:

  1. Fué una carta muy bonita y aunque un poco dura, mereció la pena el gran esfuerzo que realizaste y que no te derrumbases mientras lo hacías.
    Un bes@ y gracias.
    Brodel.

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